Entre aquellos que se enfrentan a su primer empleo, es decir, los jóvenes a partir de los 16 años, el desempleo tampoco pasa desapercibido y a veces se extiende hasta los 30 años. En esta franja de edad, se hallan jóvenes recién titulados o con una baja formación reglada, pero en cualquiera de los casos se enfrentan a la precariedad laboral, que es otro de los graves problemas que sufre este sector de la sociedad. Contratos de formación o como becarios que no evolucionan con el tiempo, contratos temporales y bajos sueldos, a veces por debajo del Salario Mínimo Interprofesional, son en muchos casos la situación laboral que viven y asumen, puesto que muchos deciden aceptarla antes de estar en desempleo.

En este sentido, si cuentan con esa posibilidad, muchos deciden continuar con sus estudios para seguir aumentando sus competencias y, por suma, su empleabilidad y tener más opciones de poder encontrar un empleo con mejores condiciones y relacionado con el área para el que se han formado, ya que en ocasiones eligen otros campos por falta de oferta o porque les ofrece un mejor salario. De este modo, les permite poder continuar con esa formación o emprender un proyecto de futuro. El empleo público, mediante la preparación de oposiciones, es otra de las alternativas elegidas.
Por otro lado, la flexibilidad con la que cuentan estos jóvenes aún a esas edades les lleva a muchos de ellos a probar suerte en el extranjero, con el objetivo principal de encontrar un buen empleo o, en su defecto, aprender el idioma del país en cuestión para regresar más tarde a España con la competencia lingüística cubierta.

En cualquier caso, y como ocurre con desempleados de otras edades, es recomendable que recurran a orientadores laborales para que les guíen en los pasos que deben dar para alcanzar sus objetivos laborales, mediante el asesoramiento en materia de cursos de formación, programas de inserción laboral, ayudas públicas y becas para el estudio, entre otras cuestiones.