La formación, tanto práctica como teórica, es un aspecto fundamental para poder desarrollar cualquier labor con criterio y calidad. Hace unos días, era ésta una de las cuestiones que poníamos en valor para aumentar así la empleabilidad de los jóvenes o lograr  mejorar en sus actuales puestos de trabajo. Invertir en capital humano debidamente cualificado es un aspecto que a veces se descuida y puede que éste sea uno de los problemas por el que no logra ofrecer toda la calidad en los  servicios que se desearía.

Es especialmente destacable en sectores como la hostelería, en el que aparentemente no es necesaria una amplia cualificación, por lo que profesionales de otros sectores cuyos trabajos se han visto especialmente afectados por la crisis (construcción, agricultura, …) acaban trabajando finalmente en este sector. En este sentido, no quiere decir que estos trabajadores no estén preparados para desarrollar su labor, pero en ocasiones, por necesidades del negocio, tienen que enfrentarse a situaciones para las que no cuentan con experiencia o formación y se deja sentir en el servicio que ofrecen a los clientes, que en definitiva son los que mantienen el negocio. Nos referimos a aspectos como agilidad en el servicio, organización de mesas, trato al cliente, entre otras cuestiones.

Por ello, para cuidar estos aspectos que son fundamentales en cualquier negocio, se debería contratar a personal cualificado e invertir en la formación profesional de los trabajadores para que reciclen conocimientos y adquieran nuevas competencias. Son cuestiones que se plantean y asumen en cualquier sector y en la hostelería no debiera ser menos, ya que repercutirá en el empresario, en sus trabajadores y en el futuro del negocio.