Recurrir a ese medicamento que nos ha recomendado un amigo, familiar o cualquier conocido para aliviar alguna dolencia es una práctica habitual y forma parte de lo que se conoce como automedicación. Es decir, la administración por voluntad propia de un medicamento.

No obstante, estas decisiones pueden tener algunos inconvenientes, ya que no todos los medicamentos están indicados para todas las personas. En muchos de ellos, antes de ser prescritos, hay que considerar ciertos factores que pueden presentarse como posibles reacciones alérgicas, antecedentes o incompatibilidades con otros tratamientos que esté recibiendo el paciente, entre otros. Factores, todos ellos, que debe considerar un médico.

Y es que hay otros peligros que pueden presentarse por causas como el desconocimiento de la dosis adecuada, que puede llegar a provocar intoxicaciones y sobredosis o, incluso, enmascarar otras enfermedades dificultando el diagnóstico de las mismas.

Uno de los medicamentos habituales en casos de automedicación son los antibióticos, sobre todo para combatir enfermedades como la gripe cuando es un error, como indica el experto del Departamento Médico de Cinfa, Eduardo González Zorzano:

Se trata de una práctica completamente errónea, ya que los antibióticos no sirven para tratar estas infecciones, de carácter vírico y no bacteriano. El hecho de utilizarlos sin indicación médica, de manera incorrecta y con cierta frecuencia hace que nuestro organismo se haga resistente a ellos. Como consecuencia, cuando realmente los necesitemos para tratar alguna enfermedad, podrían no tener ningún efecto“. (Fuente: www.diariofarma.com)

El Servicio Andaluz de Salud cuenta con una serie de recomendaciones destinadas a los pacientes para que hagan un uso correcto de los antibióticos. Si están interesados pueden consultarlas aquí.

Si bien es cierto que un gran número de medicamentos no pueden ser adquiridos sin receta médica, a veces recurrimos a los restos de tratamientos que hemos recibido en otras ocasiones para tratarnos de ciertas enfermedades.

En cualquier caso, la receta electrónica ha ayudado en cierta medida a evitar la automedicación, que en muchos casos se produce por desconocimiento o confusión con el tratamiento a seguir. De este modo, en tratamientos de larga duración, como es el caso de enfermedades crónicas, al paciente se le dispensará el medicamento cuando el sistema informático indique que así le corresponde según las indicaciones introducidas por su médico de familia.