Hablar de contaminación acústica es referirnos a un sonido excesivo (ruido) que altera y a veces produce efectos negativos en la salud psíquica y fisiológica.

En el caso de las ciudades, generalmente este ruido viene determinado por diversas actividades humanas del día a día, tales como el tráfico, industrias, obras, locales, …

En torno al 80 % de los españoles están sometidos a ruidos que se sitúan por encima de los 80 decibelios, lo que convierte a nuestro país en el segundo país más ruidoso, según un ranking elaborado por la Organización Mundial de la Salud (OMS), sólo nos supera Japón. Y es que, según este organismo, el nivel máximo de tolerancia al ruido se sitúa en los 65 decibelios diarios.

Por ello, debemos tomar conciencia ante este problema de contaminación medioambiental, al que podemos poner solución o disminuir su incidencia entre todos. La Administración llevará a cabo la aplicación de la normativa al respecto. Por su parte, locales, clubes nocturnos, bares, entre otros, deberán acondicionar sus instalaciones adecuadamente para evitar excesos de ruido que perturben el descanso vecinal, ya que 30 decibelios son suficientes para impedir el sueño. Por lo que muchos de ellos llevan a cabo la insonorización del local.

No obstante, insistimos que es una labor de todos, ya que en ocasiones el ruido no procede de locales o del tráfico, sino del disfrute del ocio en la calle, práctica habitual en nuestra tierra. En este sentido, tenemos que tener presente el respeto y la tolerancia ciudadana. Por un lado, siendo conscientes de que hay que respetar el descanso nocturno a partir de ciertas horas de la noche y, por otro, ser tolerantes, dentro de unos límites, cuando de celebraciones locales se trata, tales como la Feria o la Semana Santa. En cualquier caso, las fuerzas de seguridad municipales velarán por este cumplimiento.

Y es que la exposición continuada al ruido puede afectar a la salud auditiva y, en casos extremos, aumenta el riesgo de enfermedades cardiovasculares, problemas psicológicos, insomnio e, incluso, un desarrollo cognitivo más lento en la población infantil.